Gente | 28.04.2009"Die Toten Hosen" en Buenos Aires17 años perdura ya el romance de la banda de punk-rock "Die Toten Hosen", de Düsseldorf, con su público argentino. Este fin de semana, Campino y su grupo actuaron una vez más en Buenos Aires.
"Buenas noches, hermanas y hermanos, somos Die Toten Hosen de Düsseldorf, Alemania" – Campino, solista de la banda de punk-rock más exitosa de Alemania, saluda a sus admiradores en Buenos Aires. Han esperado con añoranza este primer concierto de los Toten Hosen en Argentina desde hace cuatro años .
"Locura" compartida
"Es una relación muy especial", dice Andreas Meurer, bajista de los Toten Hosen. Esta relación especial de la banda con Argentina empezó en 1992, por casualidad: un admirador alemán había emigrado al país suramericano y descubrió que allí también había una escena de punk-rock. Envió pasajes de avión, organizó un concierto y se produjo algo como un flechazo: amor a primera vista.
El líder del grupo, Campino, recuerda: "cuando llegamos, nos impresionó el espíritu de la ciudad: de alguna forma con la mirada fija en Europa, pero también con la sangre caliente de América del Sur. Una mezcla muy especial. Este toque de locura, que se percibía por todas partes aquí, correspondía exactamente a nuestro humor. Creo que los argentinos aprecian nuestra locura, el trepar sobre las barandas y los balcones, el caer, etcétera."
El salto de Campino hacia el público también formó parte del repertorio en ambas presentaciones en Buenos Aires. Y desató el entusiasmo de los fans, quienes en otro concierto de los Toten Hosen, en 2000, derribaron la tribuna, afortunadamente sin que nadie se hiciera daño. "Lo que hace Campino produce un montón de adrenalina, es realmente una locura. Nadie lo hace, es único", aseguran Daniela y Berenice, dos de sus admiradoras. Agregan: "los Toten Hosen tienen carisma y energía. Entre ellos y nosotros, el público argentino, hay mucha pasión y amor."
Los alemanes más famosos en Argentina
"Hier kommt Alex", "All die ganzen Jahre" o "Eisgekühlter Bommerlunder" – Daniela, Berenice y los otros fans argentinos cantan a coro las canciones de los Toten Hosen, de memoria. Berenice incluso ha aprendido alemán para entender las letras. El guitarrista Michael Breitkopf, por otra parte, aprendió español y Campino canta una y otra vez en el idioma nacional. "En mi lista personal de los veinte mejores conciertos de toda mi vida, se encuentran seguramente cinco de Argentina", subraya el líder de los Toten Hosen. Lo especial del público argentino es, según Campino, que toma a la banda y su relación con ella como algo personal. "El hecho de que hayamos venido a comienzos de 2000, durante la enorme crisis económica, y hayamos tocado por un peso, como única banda internacional en aquel año, impresionó mucho a los fans. Eso lo han registrado para siempre."
Mariano Asch, que representa a los Toten Hosen en Buenos Aires, lo confiirma. Hace notar que, cuando Campino y su grupo tocaron por poco dinero en aquellos tiempos duros, los fans se dieron cuenta de que a la banda le gustaba venir. Mariano Asch no duda de que hoy en día los Toten Hosen son el grupo alemán más conocido en Argentina. Nunca o raramente han visitado el país otras bandas de punk-rock de Alemania, como los "Ärzte" o los "Einstürzende Neubauten". Solamente la banda de música electrónica "Kraftwerk" ha conseguido una popularidad parecida. "Kraftwerk ha estado aquí unas veces, pero siempre acompañando a otros grupos, como hace no mucho al Radiohead. Pero ninguna otra banda despertará en el público argentino los sentimientos que despiertan los Toten Hosen. Si mañana se presentaran aquí los Scorpions ante 60.000 personas, no se se generaría tanta pasión como la que se percibe con 10.000 o 20.000 fans de los Toten Hosen."
Autor: Victoria Eglau /Dominik Luenen
Editor: Pablo Kummetz http://www.dw-world.de/dw/article/0,,4212266,00.html |
Tuesday, April 28, 2009
"Die Toten Hosen" en Buenos Aires
Monday, April 27, 2009
Die Toten Hosen: la fraternidad punk
27.04.2009 | 11:19 Die Toten Hosen: la fraternidad punkLa banda alemana liderada por Campino brindó dos shows ultraviolentos en The Roxy de Colegiales durante este fin de semana; crónica y fotos. Los Die Toten Hosen tienen algo con nuestro país, está claro. Algo fuerte y extremo: un vínculo punk, diferente a los vínculos que todas las bandas internacionales siempre dicen tener. Ese sentimiento, poderoso pero un tanto inexplicable, fue el mismo que los trajo por primera vez a la Argentina allá por 1992 y el mismo que los llevó a editar, durante este año, el disco La hermandad – en el principio fue el ruido, una versión local de su último trabajo, In aller Stille, con tres bonus (incluido el clásico de Los Violadores "Uno, dos, ultraviolento") que fueron grabados por Campino acá, en Buenos Aires, en el mes de febrero. La banda completa, sin embargo, no nos visitaba desde 2005, y esos cuatro años de espera sin dudas determinaron cómo serían los dos shows en el Roxy de Colegiales: sold out, ambos. Desde el mismísimo comienzo, Campino conquista: entiende que él es el show y utiliza todos los artilugios a su alcance. El tipo, se sabe, está completamente loco; pero es consciente de lo que tiene: sex-appeal, carisma y un histrionismo casi infantil rigiendo cada uno de sus movimientos y tiñendo cada una de sus palabras a pesar de la inevitable rigidez germánica. Con el pasar de los temas (tocaron una treintena, en dos horas), se iría recalentando y llevaría cada vez más al límite su relación con el público; crowd surfer profesional, cantó sobre la gente, los bendijo con una lluvia de cerveza y, hacia el final y mientras entonaba "Opel-Gang", se lanzó desde los balcones del ex Teatro con un clavado magistral. Quienes ahí estuvieron, pusieron el cuerpo a cambio del más variado setlist: desde clásicos como "Alles aus Liebe" hasta el nuevo "Una vida desesperada", pasando por "Pushed Again", el dedicado "Auswärtsspiel (Juego de visitante)" y los lúdicos como "Zehn kleine Jägermeister" y "Worm Song", cantado por el baterista, el inglés Vom Ritchie. Entre los tantos covers (además de "Blitzkrieg Bop" de los Ramones, "Guns of Brixton" de The Clash –que también está incluido en el nuevo álbum-,"Cokane In My Brain" de Dillinger y el superversionado himno del Liverpool, "You´ll Never Walk Alone"), "Uno, dos ultraviolento" fue intencionalmente seguido por "Hier kommt Alex" y Campino explicó porqué. Las dos canciones, la de Los Violadores y la de los Hosen, a pesar de haber sido escritas cuando las bandas no tenían ni remota idea de su existencia recíproca, hacen alusión a La Naranja Mecánica, la novela de Anthony Burgess que Stanley Kubrick llevó al cine y transformó en objeto de culto. Así, promediando el show, el cantante develó otro aspecto de ese misterioso lazo que los conecta con la Argentina y que siempre seguirá atrayéndolos a nuestros escenarios.¡Punkrockers de todos los países, uníos! Por Yamila Trautman |
Friday, April 24, 2009
Punk con acento alemán
Punk con acento alemán
vie. y sab. a las 21. entradas: $90.
el teatro, Av. Lacroze 3455.
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www.dietotenhosen.com.ar
Thursday, April 23, 2009
La banda alemana que tiene corazón argentino
- Adiós Ramones. En 1996, participaron del show despedida de The Ramones en el estadio de River, en una grilla que también incluyó a Iggy Pop. Aquella noche, en bambalinas, iba y venía otro rockero famoso, invitado especialmente por la banda norteamericana: Eddie Vedder, de Pearl Jam.
- Noche de furia. En 1997, tocaron en un reducto de Caballito, La Rosa. A unas cuadras de allí, en la plaza Irlanda, un grupo de skin heads atacó a la gente que concurría al show. Dentro del local, todo transcurrió con normalidad, es decir: Campino colgado del techo del escenario y el público agradeciendo su actitud a puro escupitajo.
- Museum. En marzo de 2000, los Die Toten Hosen volvieron a Buenos Aires para presentarse en Museum. Fueron dos conciertos con entradas agotadas, que sirvieron para registrar dos DVD como testimonios: Live in Argentina y En misión del Señor .
- Intercambio. En 2002, Los Violadores grabaron un tema de los Hosen, "Viva la Revolution ". Tres años más tarde, Campino y los suyos tocaron "Uno, dos ultraviolento" en el Pepsi Music.
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www.dietotenhosen.com.ar
Wednesday, April 22, 2009
LN: Entrevista: Campino, cantante de Die Toten Hosen
La voz del grupo alemán, que acaba de filmar con Wim Wenders, habla de su particular relación con Buenos Aires
Por Sebastián Espósito
De la Redacción de LA NACION
¿Uno, dos ultraviolenten? No, en alemán el clásico de Los Violadores se escribe "Eins, zwei, übergewaltig".Pero no es necesario que lo aprendamos porque la versión que Die Toten Hosen registró para la edición local de su nuevo disco se escribe tal como los pioneros del punk criollo la concibieron.
En enero, Campino se tomó un avión en Düsseldorf, Alemania, y aterrizó en Ezeiza. En unos días grabó su versión del tema con un coro de fanáticos locales y se fue con la promesa de volver en abril para tocar con los Hosen. Este fin de semana, cumplirá con su palabra: el viernes y el sábado tocará con su banda en el teatro de Colegiales.
En el Pepsi Music 2005, Die Toten Hosen sorprendió con su versión de "Uno, dos ultraviolento", a veinte años de la edición del tema de Los Violadores. La relación de la banda con la Argentina es de larga data y también su deseo de registrar el clásico de Pil Trafa y Stuka. "No quisimos incluir el tema en la edición alemana del disco porque nos parece que pertenece a la Argentina; aquí es el himno nacional del punk. Y teníamos que registrarlo con gente de la Argentina. Quisimos invitar a algunos amigos para que grabaran las voces de los coros en representación de todos los fans del grupo. Y como nuestros últimos discos no se editaron en la Argentina, nos parecía bien incluir en la edición local del nuevo álbum algunas canciones de esos trabajos, pero remezcladas." El resultado es La Hermandad. En el principio fue el ruido , título elegido por los fans argentinos.
-¿Cuándo conociste a Los Violadores?
-A fines de los 80, un amigo punk alemán se mudó a Buenos Aires por trabajo. El me contó de Los Violadores, me dijo que era el equivalente local de Sex Pistols. Conoció al "Polaco" [Zelazek] y le preguntó si había escuchado a una banda alemana llamada Die Toten Hosen. Resultó que sí, que nos conocía y que nos querían contactar para traernos a Buenos Aires. Cuando llamaron, les dijimos que sí, que nos mandaran los pasajes, pero pensamos que nunca iban a llegar. Al tiempo, recibimos los tickets con la reserva del hotel y tuvimos que venir. Lamentablemente, cuando llegamos, ellos se acababan de separar. En ese, nuestro primer show aquí, debutó Pilsen, el grupo que formó Pil. Tocó "Uno, dos, ultraviolento" y fue la primera vez que escuchamos el tema en vivo.
-Los Hosen se tomaron un descanso de dos años. ¿Fue algo planificado por la banda?
-Sentimos que era el momento de parar porque estábamos exhaustos. A nivel personal, fui padre y sentí que necesitaba un tiempo para disfrutar de la vida familiar. Estábamos grabando un disco, mi mujer quedó embarazada y decidimos parar ahí antes de empezar con una gira que nos iba a llevar un año y medio de shows. Lamentablemente, después me separé y no pude disfrutar de la vida familiar.
Campino dejó su Düsseldorf por Berlín, ciudad en la que vivía su hijo, y los escenarios rockeros, por las tablas. "Acepté una propuesta para hacer teatro en Berlín para estar cerca de mi hijo. Me sentí muy feliz en ese período. Y un día recibí un llamado de Win Wenders cuando estábamos volviendo a ensayar con la banda. Me preguntó si me interesaba el rol protagónico en su próxima película y era una oferta irresistible. Lo hablé con los muchachos, lo aceptaron y viajé a Italia para filmar Palermo Shooting .
-Vi una foto tuya en Cannes, paseando con Wenders por la alfombra roja. Parecías una auténtica estrella de cine.
-Porque estaba con la pierna rota, ¿no? La pasamos muy bien en Palermo [Italia]. Estuvimos dos meses allí; para mí fue un honor trabajar con Dennis Hopper y con todo el equipo. La filmación fue lo mejor de todo, fue tan intenso que no me importó mucho el resultado. La experiencia teatral fue buena, pero allí era una batalla de egos entre los actores para ver quién se llevaba el aplauso más grande. Esto fue lo contrario, una gran familia feliz.
-¿Hopper conocía a los Hosen? El es un viejo rockero...
-Algo conocía, pero es probable que Wim le haya hablado de nosotros. El llegó al set con un asistente, un tipo de su edad que le proveía de ciertas sustancias. Wim me contó que en los 70, después de filmarApocalypse Now ! [de Francis Ford Coppola], Hopper apareció en el set de El amigo americano (1977) en muy mal estado y con el mismo hombre que lo acompañó a Palermo. «Hopper y ese tipo son la expresión del rock and roll », me dijo Wim y tiene razón.
-Me acuerdo de un show accidentado de la banda en Caballito, ¿en algún lugar del mundo sigue siendo peligroso ir a ver a los Hosen?
-Puede suceder en algunos lugares, pero no dentro de los shows, porque ahí tenemos todo controlado. Siempre tenemos problemas en lugares en los que la policía es muy represiva con la juventud, como en Polonia o en Cuba. En La Habana, la gente estaba haciendo "pogo" y yo no sé cómo, pero metí la cabeza dentro de una lámpara y la policía nos cortó el sonido. Y hace muchos años, en la vieja Checoslovaquia, los militares nos sacaron a palazos del escenario, nos metieron en el ómnibus de gira y obligaron al chofer a manejar hasta la frontera. Ya no tengo 25 años para soportar eso y ya no espero con ansias una noche de ésas.
Thursday, February 05, 2009
ENTREVISTA A CAMPINO, CANTANTE DE DIE TOTEN HOSEN
ENTREVISTA A CAMPINO, CANTANTE DE DIE TOTEN HOSEN
“El rock me dio mi vida”
El espigado vocalista del grupo punk alemán pasó por Buenos Aires, donde grabó un cover de 1, 2, Ultraviolento junto a fans argentinos. Ese tema será el jugoso bonus de una compilación entre sus últimos dos álbumes que sólo se publicará aquí en unos meses, justo cuando los Hosen lleguen a tocar después de casi cuatro años. Y claro, el NO no pudo resistir la tentación de charlar con este tipo que se cuelga del techo de los escenarios y que viene de protagonizar La ópera de los tres centavos, de Kurt Weill y Bertolt Brecht, y la nueva película de Wim Wenders.
Por Daniel Jimenez
Si uno se pusiera a enumerar aquellos elementos que harían del camino de una banda al estrellato una verdadera carrera de obstáculos, podría mencionar los siguientes: 1) hacer punk rock; 2) convivir con toneladas de drogas y alcohol; 3) debutar en el popísimo 1983; 4) cantar en alemán. Y aunque hayan tenido que sortear todo lo antedicho, los Die Toten Hosen edificaron una carrera de veinticinco años que nunca se detuvo y que los encuentra ocupados con distintos proyectos. A saber: la gira de presentación de In aller stille, la grabación de una versión de 1, 2, ultraviolento junto a fans argentinos, el lanzamiento de un disco exclusivo para el mercado nacional y la promoción de dos shows que el quinteto de Düsseldorf brindará en Buenos Aires a fines de abril; los únicos conciertos en Sudamérica programados para esta temporada.
A cuatro años de su última visita porteña, Campino, el flaco y alto cantante de Die Toten Hosen, no pierde la sonrisa mientras da vueltas por un bar de Palermo en el que lleva horas haciendo entrevistas para promocionar el disco “argentino” que se llamará La hermandad. Viste jeans clásicos, zapatillas deportivas blancas, camisa informal con la cifra 1977 bordada y un olor a chivo digno de todo el plantel del Schalke 04. “Es lindo estar aquí después de tanto tiempo”, dice. Verdadero héroe de la armada punk criolla, Campino confiesa que La hermandad (que llevará la leyenda “en el principio fue el ruido” en la parte delantera y “en el final el silencio” en su contratapa) significa para los Hosen –como lo fue para los Ramones y lo es para Megadeth– volver a un lugar al que sienten su casa. “Decidimos lanzar este material solamente para la Argentina porque hace mucho que lo queríamos hacer. Pasaron cuatro años desde la última vez que estuvimos acá y creímos que era demasiado tiempo, por eso pensamos en sacarlo para nuestros fans argentinos. Además es una magnífica forma de volver para no olvidar lo que sentimos en este país, todo lo que hicimos acá y cómo la pasamos cuando estamos de gira por Buenos Aires”, afirma.
La hermandad incluirá la canción Vidas desesperadas, cuyo estribillo en español (el resto del tema está en alemán) fue escrito por el propio Campino, un objeto de su orgullo personal que perfeccionó en las fugaces dos semanas que pasó tomando clases de castellano. “Lo intenté y venía bien, pero no funcionó”, admite el cantante, quien asegura que el paso de los años lo volvió más tolerante y le permitió acercarse a otros artistas que se encuentran en los antípodas de la música de Die Toten Hosen, como el colombiano Juanes y la propia Madonna, a la que define como “una gran artista”. Pero aclara: “Quiero que se entienda que no me gusta Madonna, sólo reconozco su show”.
–¿Tu primer recuerdo musical te marcó para el resto de tu vida?
–No sólo me marcó sino que me influyó... ¡y cómo! Era un niño, tendría más o menos 5 años, y sólo me iba a la cama si mi hermano mayor me ponía Hang on Sloopy, de los McCoys. Es uno de los primeros y más salvajes recuerdos musicales que tengo. Pero si vamos al primer disco de rock que me compré, tengo que decir que fue uno de Deep Purple, cuando tenía 8 años. Era un gran fanático de Purple, pero no de Black Sabbath, porque si eras fanático de uno no podías serlo del otro. Y era fanático de Deep Purple... aunque en secreto escuchaba a Led Zeppelin. Y cuando a los 10 años escuché a Slade en la radio, mi vida cambió definitivamente. Cada vez que encontraba una rockola ponía Mama we are all Crazy now de Slade, porque la música de Deep Purple ya me sonaba a vieja, pasada de moda, y no tenía mucha influencia en lo que sucedía en Londres en ese momento. Creo que los Slade, en su clímax, fueron tan buenos como los Beatles.
–¿Slade fue tu primer concierto como fan?
–No, el primer concierto al que fui en mi imaginación fue a uno de Deep Purple, por supuesto, con Jon Lord y toda la historia, pero mi verdadero primer concierto fue a los 13 años, cuando fui a visitar a mis abuelos a Londres a finales de los ‘70. Cuando llegué me dijeron: “Esta noche vas a ir a tu primer concierto de rock”. Estaba ansioso y temeroso por lo que podía suceder, porque al fin y al cabo eran mis abuelos. Fuimos a un lugar muy pequeño que se llamaba Rock Garden y al que para entrar tenías que bajar una escalera hasta una especie de sótano donde había unas setenta personas, todos punks, esperando para ver el show. Todos lucían extraños para mí y cuando la banda subió al escenario y empezó a tocar recuerdo que el ruido fue tremendo. La gente bailaba sobre las sillas, sacaban las mesas, bailaban en las mesas, era un desmadre. Cuando salí ya era una persona diferente. Después creo que a los 15 vi a AC/DC y a Wire en Düsseldorf, porque en Düsseldorf había una interesante movida de artistas experimentales y de vanguardia que se mezclaron en la escena punk y comenzaron a abrir lugares para que las bandas. Y venían grupos de Londres y se armaban fechas tremendas. Una noche, por ejemplo, podías ver en un pub a Wire, 999 y XTC, todos para trescientas personas.
–¿Qué te dijeron tus viejos cuando te dedicaste al rock?
–Recuerdo que mis padres se regían conmigo a través de las notas que traía de la escuela. Si eran buenas, no me jodían. Empecé a tocar en una banda a los 16 y en la escuela era un burro, por eso fui a clases hasta los 20, porque no era para mí. Cuatro años siendo músico y el mismo tiempo de estudiante... Era raro. Entonces empezaron a llegar mis notas de la escuela, que eran malísimas, hasta que mi padre me sentó y me dijo: “Sería mejor que vos y esos tres idiotas se dedicaran a hacer algo mejor”. Eso era peligroso porque ya había arreglado para hacer un showcito en la escuela. Nuestro baterista, que era el único que tenía 18 años, manejó hasta mi casa y les dijo a mis viejos: “Les prometo que lo llevo al show y después de tocar lo traigo para acá”. De golpe me había hecho una gran fama y era el único punk de todo el colegio. Una vez vino una banda de punk rock a tocar a la escuela y estaban dando vueltas por la puerta, matando el tiempo y paseándose con una cerveza en la mano. ¡Guauuu! Ese era un mundo diferente para mí, algo excitante. Después de ese día los padres del resto de mis compañeros exigieron al director que me sacara de la clase porque había un rumor que decía que yo consumía drogas, bebía litros de alcohol y toda esa mierda. Una cagada.
–Estuviste con fans argentinos grabando un emblema del punk rock local como 1, 2, ultraviolento, de Los Violadores. ¿Cómo fue la grabación?
–Mirá, cuando tuvimos la idea de hacer una edición especial de un disco para el mercado argentino, pensé que quería grabar 1, 2, ultraviolento porque es un tema punk rock muy clásico aquí en la Argentina. Y se dio todo de manera muy espontánea. Hace dos semanas pensamos que no lo íbamos a poder realizar, pero al final lo hicimos. Lo importante era hacer parte a los fans de una movida de la banda, porque sabemos que aquí tenemos muchos fanáticos y que era una buena forma de hacerlos parte a ellos de una historia común. Al final grabaron los coros casi veinticinco chicos divididos en grupos y la pasamos bárbaro. No se trataba de hacer algo que tuviera un interés que no fuera pasar un gran momento y realmente fue muy divertido. Todos se sintieron parte de la canción.
–¿Cómo fue trabajar con un artista que se mueve en el extremo musical de Die Toten Hosen como Juanes?
–Uh, ésa es una historia rara. Un día recibo una llamado de un tal Juanes, a quien no conocía, que quería hacer una grabación junto a los Hosen en Europa, porque había visto un video de un show nuestro y le gustó. La verdad es que nosotros estábamos en otras cosas y no pude darle mucha importancia al pedido. Pero voy a decirte algo: lo que saqué de esa relación, entre otras cosas, fue una cita con una chica mexicana. Ella estaba de intermediaria, pero no quería conocer mi música, ni conocer a la banda, quería conocerme a mí. Así que dije: “Bueno, quizá lo haga, averigüemos quién es este muchacho en realidad (risas)”. Quería saber sobre la credibilidad de Juanes en América latina y si era respetado o no. Entonces lo conocí, escuché su música y me pareció un muchacho encantador, además de compartir con él ciertos pensamientos políticos. Sé que Colombia es un país con un alto índice de pobreza y con una situación triste, no soy ajeno a eso. Así que lo llamé y le dije: “Voy a hacerlo para vos”. Nos encontramos en París con Gustavo Santaolalla y grabamos la canción Banderas de manos. Eso hizo que me interesara por algunas canciones en español y por letras en español, y al trasladarlas me explicaron un montón de cosas. Así escribí solo y en español Vidas desesperadas.
–Con los Hosen llevan 25 años en la ruta, vendieron más de 22 millones de discos en todo el mundo, son alemanes y hacen punk rock, sin ser una banda mainstream. ¿Cómo se hace?
–Punto número uno: “Nunca te preguntes cómo funciona; si funciona, no trates de mejorarlo (risas)”. Pero (hace una pausa larga)... cuando pasás tanto tiempo en la ruta con la misma gente, se te presentan un montón de trampas. Y hay momentos que se vuelven peligrosos, como cuando ingresás en una rutina diaria, cuando no te soportás a vos mismo y cuando no querés perder tu estilo de vida o lo que lograste hasta acá. Lo importante es trabajar con gente honesta y poder decirle: “La canción que escribiste es la mejor que escribiste hasta hoy” o “lo que tocaste fue realmente increíble, sos un gran músico”. Pero de la misma manera la confianza debe permitirte también poder decirles: “Esta canción es una mierda” o “tratemos de mejorar eso porque lo que hiciste no está bueno”. Así ayudás a mantener unido y en carrera al grupo, aunque no es fácil lograrlo. Creo que es importante ser quien sos y no pretender ser alguien más o hacer una canción “importante”. Eso es pura mierda.
–Hablaste de las trampas del camino. ¿Cuáles fueron las más difíciles que debieron atravesar como banda?
–El obstáculo más difícil de atravesar fue toda esa mierda del ego. Cuando alguien se vuelve exitoso, quiere fijar su posición: “Este soy yo, aquí estoy, no hay un cantante mejor que yo, y bla bla bla”. Eso, combinado con alcohol y un montón de drogas es una mezcla que se hace muy difícil de detener. Un amigo nuestro, plomo de Die Toten Hosen, murió a causa de la heroína, otro cayó preso por cocaína. Ahí empezás a notar que “eso” está cerca todo el tiempo y te está rodeando. Y mi amigo tenía solamente dos opciones: cortar con todo y elegir seguir viviendo, o morir. El dijo que iba a dejar; un día cayó a un show nuestro y dijo que ya no bebía y que ya no tomaba. Cuando fui al baño lo encontré fuera de sí; había bebido y se veían restos de cocaína, pero aún me lo negaba. Creo que todos tenemos tiempos diferentes donde nos enganchamos mucho con la mierda. El problema es si todos están enganchados al mismo tiempo, porque ahí te vas al carajo. Mirá, todo lo que nosotros hicimos entre 1990 y 1996 funcionó: vendimos miles de discos, tocamos en lugares con sala llena y todo lo que tocábamos se convertía en éxito, pero estábamos arruinados y no podíamos ni disfrutarlo. “Están tocando con todo vendido, les va muy bien”, nos decían. Y nosotros: “Ahhh... sí... este... ahhhh, qué bien”. Ese fue un punto de inflexión para mí. Un corte en cuanto al trabajo de la banda, a la exposición, a las responsabilidades, a mi actitud hacia la música.
–¿Cómo manejaron la contradicción de ser una banda punk y exitosa?
–Fue difícil. Cuando éramos jóvenes y nos empezamos a transformar en una banda exitosa, empezaron los problemas. No está bien visto que una banda punk tenga éxito, entonces debimos luchar contra eso. No es fácil para una banda punk convertirse en número 1 en Alemania, porque al instante te empiezan a decir que te vendiste, y bla bla bla. No podíamos mostrarnos felices porque estaba mal visto. Cuando conseguimos nuestro primer número 1, festejamos bebiendo una copa de champagne debajo de la mesa para que no nos vieran... Era ridículo. Nos faltaba decir: “Perdónennos, tenemos un número 1”. Era una estupidez. Ahora que somos más grandes no tenemos más problemas con eso. Celebramos que después de veinticinco años, con nuestras subidas y bajadas, la gente sigue viniendo a los shows, sigue bailando y está feliz de vernos. Y para que eso suceda no sólo tiene que existir el talento sino también el destino y la suerte. Existen grandes músicos que no lo logran y que se quedan a mitad de camino siendo verdaderos talentos.
–¿Qué fue lo mejor que te dio el rock?
–En algún sentido, el rock me dio mi vida, se transformó en mi vida, y estoy muy feliz de que haya sido así. No puedo imaginarme haciendo otra cosa, como ser maestro o esas profesiones poco interesantes, porque no soy bueno en nada. Quise ser futbolista profesional, pero nunca fui bueno para eso tampoco, así que mirando hacia atrás siento que no me equivoqué, porque la carrera de un futbolista profesional llega hasta las 35 o 36 años, es muy corta. Ya superé esa edad y aún estoy en el negocio. Así que estoy contento de haber tomado la decisión de ser músico, aunque todos pagamos un precio por resistir el paso del tiempo y no querer crecer. Mirá, después del primer concierto, cuando recién hacía una semana que estaba en la banda, quisieron echarme. Yo tenía la cabeza llena de ideología punk y decía: “No voy a estar en un escenario por encima del público, quiero estar a la par de ellos, porque soy uno de ellos, así que debo estar ahí”, y esas cosas. El resultado fue que canté al nivel del piso y nadie pudo verme en todo el show (risas). Cuando terminó el concierto, mis compañeros decían: “No vamos a ir a ningún lado con este pendejo, no sirve para nada; echémoslo”. Entonces se hizo una votación y me echaron por dos votos contra uno, porque en aquella época éramos un cuarteto. A la semana se dieron cuenta de que en Düsseldorf nadie iba a querer cantar con esos tres idiotas, así que no tuvieron otra alternativa que llamarme otra vez. Y aquí estoy.
Wednesday, January 21, 2009
Die Toten Hosen en Argentina
Campino, voz de los Die Toten Hosen, estará de visita por nuestro país, con la intención de grabar un tema de Los Violadores y adelantar su próximo disco. Además, la banda vuelve en abril para brindar dos shows.
Si a fin de mes te cruzás con un rubio hablando raro, no te asustes: es Campino, de los Die Toten Hosen, que estará en nuestro país. El cantante visitará nuestro territorio entre el 28 y el 31 de enero, con la misión de grabar “1, 2 ultraviolento”, el clásico de Los Violadores, junto a 10 fanáticos argentinos. ¿Querés saber más? LosHosen vuelven al país en abril.
A cuatro años de su última visita, Campino volverá a nuestro país. Además de grabar el tema de Los Violadores, también hará lo mismo con “Vida Desesperada”, nueva canción de los Hosen en castellano, y adelantará detalles del nuevo disco a lanzarse únicamente en nuestro país.
¿Extrañabas verlos en vivo? No te alarmes. A finales de abril brindarán dos shows en The Roxy, los únicos en Sudamérica durante el 2009.
En noviembre del año pasado, luego de haber lanzado su último disco, "In aller Stille", comenzaron la gira "Machmalauter", tour que contó con 22 conciertos, en los que la mayoría de las entradas ya habían sido vendidas desde finales del año anterior.
Redacción de El Acople